EPILEPSIA ASOCIADA A TUMORES CEREBRALES

Fuente: http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=28823

Aunque los tumores del cerebro responden sólo 1% de casos de epilepsia, la epilepsia es mucho más frecuente en los pacientes con tumores cerebrales. En los adultos con neoplasias cerebrales, la epilepsia puede ocurrir en el 35% a 40%, pero en los niños con tumores supratentoriales, el porcentaje informado es más alto. Los tumores cerebrales eran la patología más común (30%) en 42 niños que sufrieron una lobectomía temporal por epilepsia rebelde y se informó en 86,4% de 550 pacientes de 4 a 75 años después de la biopsia estereotáctica por una masa intracraneal.

La relación entre la epilepsia y los tumores del cerebro generalmente se investigan del aspecto de la epilepsia, con el tumor del cerebro estudiado como un factor etiológico o como un factor en el manejo de la epilepsia. El objetivo del presente estudio era correlacionar el inicio de la epilepsia con la fase de la enfermedad, diagnóstico o tratamiento en los niños con tumores cerebrales.

Para este propósito, la epilepsia se examinó desde el aspecto de una anormalidad clínica que el neuro-oncólogo tiene que tratar durante el tratamiento del tumor del cerebro. Con tal perspectiva, el hallazgo clínico se vuelve multifactorial, influenciado por el tipo de tratamientos antitumorales dados y sus complicaciones, así como el tipo de tumor.

Se estudió la frecuencia de epilepsia retrospectivamente en 219 niños de 6 meses a 18 años que habían sido tratados y se habían seguido por tumores cerebrales en el Departamento de Oncología Pediátrica del Centro Médico de Niños de Schneider de Israel desde enero de 1991.

La epilepsia se definió como una tendencia crónica a convulsiones recurrentes (como opuesto a convulsiones agudas provocadas por la fiebre, infección, sangrando intracraneal agudo, un evento vascular, o una anormalidad bioquímica) que hizo necesario la medicación antiepiléptica. Todos los datos eran reunidos de las historias médicos.

Los niños eran divididos en seis grupos según la histología del tumor y su localización, como sigue: los tumores gliales corticales, tumores gliales con una localización específica distinta a la cortical, medulloblastomas, tumores del neuroectodermo primitivos diferentes al medulloblastoma, el ependimoma, y otros. La fase tumoral se definió según la imagen de resonancia magnética (MRI), los estudios cerebrales, realizados como una medida de diagnóstico agudo o durante el seguimiento.

En treinta y tres (14.6%) de los 219 niños con tumores cerebrales se manifestaron con epilepsia. La frecuencia más alta de epilepsia fue demostrada, como era esperado, en los pacientes con tumores supratentoriales, sin diferencia entre los tumores de la glia (13 de 34 niños, 38.2%) y para los tumores del neuroectodermo primitivos (tres de ocho niños, 37.5%). Los autores identificaron dos causas epileptógenas: la presencia del tumor en las diferentes fases de la enfermedad y las complicaciones del tratamiento. El primer grupo podría ser dividido en: epilepsia que empieza antes del diagnóstico de tumor de cerebro, la epilepsia asoció con la progresión del tumor, y epilepsia que empieza con la fase terminal de la enfermedad. El segundo grupo podría ser dividido en epilepsia causada por el daño de la radiación al cerebro y la epilepsia relacionada a otro estado postoperatorio

En el grupo de niños con la epilepsia tumor-relacionada, había correlación entre la apariencia de epilepsia y el curso de las convulsiones. En los niños con tumores estables, por ejemplo, ganglioma o hamartoma hipotalámico, la frecuencia y severidad de las convulsiones permanecían bastante constantes. En los niños con los tumores progresivos, la progresión del tumor era asociada con la aparición de epilepsia y un aumento en la frecuencia y severidad de las convulsiones; a veces el empeoramiento de la epilepsia anunciaba la progresión del tumor. En los niños con enfermedad en fase terminal; aproximadamente 2 a 3 meses antes de la muerte, la epilepsia coincidió con la progresión irreversible del tumor.

Los datos dan énfasis a la importancia de esforzarse en la resección del tumor completa y el daño potencial del uso de radioterapia al cerebro. Los autores sugieren que un cambio en el equilibrio neurotrasmisor local pueda ser el mecanismo que está debajo de la epilepsia relacionada con el tumor. En el resumen, los autores concluyeron que la epilepsia es un rasgo clínico del tumor cerebral en niños que puede asociarse estrechamente con la fase tumoral y pueden proporcionar información significativa sobre la presencia del tumor, progresión del mismo, y grado de daño de la neurona cortical. La terapia de radiación es segunda en importancia como causa de epilepsia, y este factor debe ser considerado cuando se planea el manejo antineoplásico.

Artículo comentado por el Dr. Edgardo Checcacci, editor responsable de IntraMed en la especialidad de Pediatría.

EPILEPSIA Y TUMOR CEREBRAL

Fuente: http://www.tnrelaciones.com/cm/preguntas_y_respuestas/content/253/3261/es/tumor-cerebral.html

Un crecimiento anormal o excesivo de tejido en el cerebro es siempre grave, sea benigno o maligno.

Ello se debe a que los huesos protectores del cráneo impiden que cualquier tumor se expansione; por ello, el tejido blando cerebral queda peligrosamente comprimido a medida que se desarrolla. La distinción entre tumores benignos y malignos es, por lo tanto, menos definida que en otras partes del cuerpo.

A medida que crece el tumor provoca un aumento de presión dentro del cráneo.
Como consecuencia, hay dolores de cabeza frecuentes que, a menudo, son más violentos cuando el paciente está acostado.

Suelen ir acompañados de náuseas y vómitos. A veces, el vómito sintomático de tumor cerebral ocurre de repente, sin previo aviso.

Como el desarrollo de la presión quizá afecta a los nervios de la parte posterior del ojo, puede haber visión borrosa o doble.

Otros síntomas dependen de la localización del tumor: señal de debilidad en uno de los lados del cuerpo, inquietud general, pérdida del sentido del olfato o de la memoria, e incluso cambio radical de la personalidad.

Estos síntomas pueden ser muy suaves al principio y empeorar durante días o incluso semanas.

En algunos casos, un tumor cerebral causa ataques epilépticos.

En raras ocasiones en que un niño lo tiene, el tumor cerebral está situado más comúnmente en la parte posterior del cerebro dando lugar a dolores de cabeza, a los que sigue, tras un intervalo, la inestabilidad.

Los tumores cerebrales son mucho menos frecuentes que los de mama, pulmón o tracto intestinal.

No obstante, la extensión de cánceres (metástasis) desde esos lugares al cerebro es relativamente común.

Los secundarios (producidos por metástasis) abundan más en la última parte de la vida, cuando los cánceres tienen más probabilidades de ocurrir.

Crecen y producen síntomas como los de los tumores primarios.

Si no se tratan, los tumores cerebrales producen una lesión permanente de los tejidos y, en la mayoría de los casos, sobreviene la muerte.

Si se descubre un crecimiento benigno y se trata pronto, existe a menudo excelente probabilidad de plena recuperación.

Si padece usted cualquier síntoma característico (especialmente un dolor de cabeza que empeora cuando yace en la cama, acompañado de vómitos), consulte a su médico, quien le remitirá a un neurólogo para que le someta a pruebas diagnósticas.

Además de radiografías (entre las que figurará alguna de tórax, puesto que los tumores secundarios del cerebro se desarrollan frecuentemente a partir de los malignos del pulmón), le harán un TAC, una anginografía y acaso una gammagrafía cerebral.

A menudo se recurre con éxito a la cirugía para extirpar un tumor benigno.

Incluso cuando el tumor afecta a una parte esencial del cerebro, a veces resulta factible eliminar parte del tumor con objeto de reducir la presión y aliviar los síntomas.

La cirugía, de extirpación total o parcial, va seguida a veces de radioterapia, con objeto de matar las células tumorales que queden y evitar su reaparición.

El tratamiento quirúrgico tiene en general menos éxito con los tumores cerebrales malignos.

Pero incluso entonces hay modo de aliviar los síntomas y mejorar la situación de los pacientes.

Los fármacos esteroides ayudan a disminuir la inflamación del tejido cerebral y , por lo tanto, la presión en torno al tumor.

Los anticonvulsivos se recetan para ataques epilépticos. Existen además analgésicos que reducen el dolor de cabeza en los casos graves.