Una persona afectada de epilepsia debe consultar con su médico para obtener información actualizada. Esta entrada es exclusivamente informativa.

Estadísticamente el 60% de los pacientes que toman fármacos antiepilépticos controlan la enfermedad, el 20% presentan una notable mejoría y otro 20% no alcanzan el grado de mejoría deseable.

La epilepsia y las crisis que provoca reciben un tratamiento que asegura una buena calidad de vida. Las epilepsias desarrolladas en la infancia se curan, en un gran porcentaje, en la pubertad. Cuando la epilepsia se debe a una lesión claramente visible y esa lesión tiene tratamiento quirúrgico, se reduce la intensidad y frecuencia de las crisis e incluso, en muchos casos, desaparecen.

En otros casos la opción quirúrgica es más difícil bien porque no se ha encontrado ninguna causa o porque ésta no pueda ser eliminada, por ejemplo, cicatrices, malformación en el cerebro, o una predisposición a las convulsiones. El objetivo en esos casos es el control de las crisis por medio de medicamentos.

La terapia que se realiza en más del 90% de todos los enfermos epilépticos se lleva a cabo con medicamentos inhibitorios de crisis: los llamados antiepilépticos. Dados sus posibles efectos secundarios, es absolutamente necesaria un seguimiento médico personalizado.

El fármaco antiepiléptico utilizado debe ser individualizado en función del síndrome epiléptico, tipo de crisis, edad del paciente, otras patologías que sufra el paciente, interacción con otros medicamentos, características y preferencias del paciente.

La monoterapia, cuando sea posible debe ser la elección preferente, y si esta fracasa una vez comprobado que se han alcanzado niveles terapéuticos, se debe cambiar a otro fármaco bajo estricta supervisión médica.

La combinación de dos fármacos debe ser considerada cuando hayan fracasado varios intentos de control de las crisis en monoterapia. Si a pesar de ello no se controlan, se deberá valorar con qué terapia estaba mejor controlado el paciente, teniendo en cuenta la frecuencia de aparición de las crisis así como los efectos secundarios.

El tratamiento con un antiepiléptico se debe iniciar ante una segunda crisis epiléptica. En una primera crisis se debe considerar el inicio del tratamiento con antiepilépticos si:

- Existe déficit neurológico.
- El EEG demuestra actividad epiléptica inequívoca.
- No se quiere correr el riesgo de una segunda crisis epiléptica.
- En las pruebas de imagen se observa alteración estructural.

Para optimizar el tratamiento se debe incidir en distintos aspectos:

- Educación sanitaria a paciente y familia.
- Disminuir el estigma que supone la enfermedad.
- Utilizar prescripciones sencillas de cumplir.
- Mantener buena relación entre los profesionales sanitarios y la familia.

El control analítico de rutina no está recomendado, salvo indicación médica. Es conveniente realizar controles analíticos si se observa:

- Ausencia de adherencia al tratamiento.
- Sospecha de toxicidad.
- Situaciones clínicas específicas como estatus epiléptico, embarazo o fallo orgánico.

La decisión para retirar la medicación se debe consensuar con el paciente y la familia una vez que hayan comprendido el riesgo de una posible nueva crisis, teniendo en cuenta el tipo de epilepsia, su pronóstico y su calidad de vida. Siempre y cuando hayan pasado dos años sin ninguna crisis y respetando los tiempos, la retirada debe realizarse lentamente, a lo largo de dos o tres meses.

La intervención psicológica, siempre que se considere oportuno, puede ser utilizada conjuntamente con la medicación.

La dieta cetógena es una terapia científicamente probada para el tratamiento de la epilepsia.

La neurocirugía está indicada cuando la epilepsia es resistente a la medicación. La cirugía puede ser paliativa o curativa. La paliativa se realiza en los casos de epilepsias catastróficas. La valoración de realizar una cirugía resectiva, que pueda ser curativa, debe realizarse antes del planteamiento de realizar tratamientos paliativos como la estimulación del nervio vago. Esta valoración tiene dos fases: una no invasiva y otra invasiva; la no invasiva consiste en realizar estudios clínicos que no necesitan de una intervención quirúrgica: EEG (electroencefalograma) basal, un video monitorizado, una IRM (imagen por resonancia magnética) de cerebro con características especiales, de acuerdo al tipo de epilepsia. Existen otras técnicas que los neurólogos deben valorar.

Las actuaciones que necesitan de una cirugía son: la colocación de electrodos subdurales o la estimulación cortical. A esta fase se llega en los casos de difícil diagnóstico, o en los que no hay una lesión visible en las imágenes. Hay que tener en cuenta que la cirugía de la epilepsia no consiste en extirpar una lesión, sino en delimitar la zona desde donde se originan las crisis convulsivas.

La estimulación del nervio vago es una alternativa en aquellos pacientes en los que no hay control completo de las crisis y donde la cirugía está contraindicada. Está indicada en crisis parciales (incluyendo las secundariamente generalizadas) y las crisis generalizadas.

Las crisis convulsivas que duran más de cinco minutos o que se repiten en tres ocasiones en una hora deben recibir tratamiento urgente y como primera medicación se debe escoger el Diazepam rectal que es seguro y eficaz.

Existen un número importante de medicamentos antiepilépticos, algunos de los más utilizados, siempre bajo estricta prescripción médica, son:

CARBAMAZEPINA, reduce la excitabilidad de las fibras nerviosas en el cerebro.
- Tegretol
- Carbatrol

ETOSUXIMIDA, reduce las transmisiones nerviosas en la corteza motriz, la parte del cerebro que controla los músculos.
- Zarontina

LEVETIRACETAM, indicado como tratamiento de las crisis parciales, con o sin generalización secundaria, en adultos afectados de epilepsia.
- Keppra

GABAPENTINA, previene las crisis convulsivas, probablemente al alterar el transporte de aminoácidos en el cerebro.
- Neurontina

LAMOTRIGINA, previene crisis convulsivas al estabilizar las membranas nerviosas.
- Lamictal

OXCARBAZEPINA, previene crisis convulsiva al alterar el transporte de aminoácidos en el cerebro y por lo tanto estabilizar las membranas nerviosas.
- Trileptal

FENITOÍNA, previene crisis al promover la pérdida de sodio en fibras nerviosas. Esto inhibe la excitabilidad de los nervios y la propagación de impulsos nerviosos.
- Dilantina

PRIMIDONA, se cree que previene crisis al inhibir la propagación repetitiva de impulsos nerviosos
- Misolina

ÁCIDO VALPROICO, podría prevenir ataques al incrementar las concentraciones de ácido gama aminobutírico. Esto inhibe las transmisiones nerviosas en partes del cerebro.
- Depaqueno

GEL RECTAL DE DIAZEPÁN, está aprobado para el tratamiento de personas con epilepsia que son afectadas por crisis diferentes del patrón habitual del paciente. Estos episodios pueden durar de minutos a horas y podrían requerir tratamiento de emergencia.
- Diastat

Hay que tener en cuenta, entre otras, las siguientes consideraciones:

- Tómelos como se lo indiquen; ni más, ni menos, ni a una hora diferente.
- No deje de tomarlos sin consultarlo primero con su neurólogo.
- No los comparta con alguien más.
- Conozca los posibles efectos secundarios, y consulte con el neurólogo cuando observe algún síntoma.
- Si está tomando más de un medicamento, incluso si es de venta libre, consulte con su médico las posibles interacciones.